¿CUESTIÓN DE GUSTOS?
¿Quién podría vivir en un espacio blanco, neutro, sin ninguna huella de nosotros mismos? Para personalizar el espacio doméstico, para adecuarlo a nuestra identidad lo disponemos en función de nuestro gusto. Pero los gustos individuales no son plenamente libres, sino que vienen parcialmente determinados por unos modelos culturales compartidos –y, en cierta medida, impuestos– que nos llegan constantemente a través de medios gráficos y audiovisuales. El interiorismo responde precisamente a la necesidad de definir estéticamente el espacio doméstico. Así, el gusto ha terminado convirtiéndose en objeto de una gran industria que ha propiciado, a su vez, una uniformización del hogar. Los objetos y gustos personales son, también, comunes: nuestra casa es siempre, en algún detalle, como la casa de los otros. Sin embargo, la relación íntima que cada uno establece con su espacio doméstico y con todo aquello que lo configura es única e irrepetible. Personalizamos objetos comunes e individualizamos bienes producidos en serie.
FOTÓGRAFOS:
Paola Pagano, Román Yñán, Hassel y Gretel, Liz Steketee, Sci Phi.
 
 
EL TRABAJO Y EL HOGAR
Salir de casa para ir al trabajo: esta acción tan cotidiana remite a una oposición entre el ámbito doméstico y el ámbito público según la cual el primero se define como espacio de ocio y el segundo como un espacio laboral. Esta oposición se ha vinculado históricamente a otra división, de género en este caso: el hogar era el espacio de la mujer; la calle, el del hombre. Sin embargo, la situación ha cambiado: por un lado, la mujer se ha incorporado plenamente al mundo del trabajo, aunque sin gozar todavía de las mismas condiciones laborales que los hombres y teniendo que asumir, en horario supuestamente de no-trabajo, gran parte de las tareas del hogar, y, por otro , cada vez son más las personas que optan por trabajar en casa. Pero cuando hablamos del trabajo y del hogar, hay que prestar especial atención a las llamadas “trabajadoras domésticas”, un colectivo de mujeres mayoritariamente inmigrantes dedicado a una forma de trabajo a menudo no regularizado que no disfruta, por consiguiente, de los derechos que le corresponderían. Entre el espacio doméstico y el mundo del trabajo ya no existe una frontera claramente definida, sino un solapamiento creciente que puede dar lugar a nuevas formas de organización laboral, a una redefinición de las funciones del hogar, así como al mantenimiento de viejas prácticas de explotación laboral.
FOTÓGRAFOS:
Carlos Rodriguez Depares, David Rodriguez, Gail Albert Halaban, Justine Pluvinage, Silvia Morara & Alessandro Tosatto, Montse Campins, Raphaël Dallaporta.
 
 
LA LUCHA POR EL ESPACIO DOMÉSTICO
Jurídicamente, la vivienda es un derecho; económicamente, una mercancía; políticamente, un elemento indispensable para poder vivir legalmente en un país. En el sistema capitalista, la confluencia de estas tres dimensiones del espacio doméstico conduce a un conflicto que se está haciendo cada vez más evidente. Así, para poner un ejemplo, en España disponer de un hogar es un derecho social reconocido constitucionalmente (artículo 47 de la Constitución Española). Ahora bien, el encarecimiento de la vivienda, ya sea de compra o de alquiler, ha provocado que el ejercicio de este derecho tenga, para la mayor parte de ciudadanos y ciudadanas, un  coste altísimo, a menudo inasequible. Gran parte de nuestros ingresos y, en consecuencia, de nuestro tiempo de trabajo, se dedica a poder hacer frente al coste de la vivienda. Esta lógica funesta beneficia a unos pocos e hipoteca literalmente la vida de muchos. No hay que extrañarse pues de que, en respuesta a esta situación, han estallado protestas y han surgido formas alternativas de vivir y definir el espacio doméstico al margen –o en contra– del sistema capitalista.
FOTÓGRAFOS:
Hector Mediavilla, Xavier Cervera, Aleix Plademunt, Alejandro Cartagena, Andrzej Kramarz & Weronika Lodzinska, Bruno Ramos, Alberto Dedè, Alexa Brunet, Alessandro Imbriaco, Massimo Siragusa, Mireia Bordonada, Brad Temkin, Martino Lombezzi.
 
 
UN ESPACIO EN RED
Es cierto: cada casa es un mundo, pero a ese viejo refrán habría que añadir que esos mundos que son nuestros hogares no son ni inmutables ni totalmente independientes, sino cambiantes y constantemente conectados con el exterior. En este sentido, las nuevas tecnologías, y especialmente Internet, han subvertido profundamente la dinámica del espacio doméstico. Podemos “navegar” desde casa por un océano interminable de portales, acceder a todo tipo de contenidos y entrar en >contacto con personas de todo el mundo. De la misma manera que el mundo entra en casa a través de la red, la casa también aprovecha este dispositivo digital para presentarse al mundo: las web-cam (situadas habitualmente dentro de las habitaciones) hacen públicas, por ejemplo, imágenes de los espacios más íntimos. Paralelamente a todo eso,  el hogar se ha convertido, sobretodo en las grandes ciudades, en un ámbito cada vez más abierto, poroso y dinámico, espacio de paso y de encuentro entre individuos procedentes de diferentes ámbitos culturales y geográficos. Así pues, el espacio doméstico participa plenamente de la era digital y de los procesos de migración y transnacionalización propios de nuestros tiempos, convirtiéndose así en un espacio cambiante y relacional, es decir, en un espacio en red.
COLABORADORES:
Mediacciones, un colectivo de investigadores de la Universidad Oberta de Catalunya dedicado al estudio sociocultural de Internet, las tecnologías digitales y los nuevos medios ha desarrollado una investigación sobre la presencia de "fotografías domésticas" en Internet para el bloque 8 de la exposición.

Barcelona Photobloggers ha colaborado en la coordinación de una convocatoria online a fotógrafos profesionales y amateurs y en la creación de un software especifico para la exposición de las imágenes agregadas al grupo flickr Domestic Social Vision.
FOTÓGRAFOS:
Fotógrafos amateurs y profesionales miembros del grupo flickr Domestic Social Vision. www.flickr.com/groups/domesticsocialvision/
Organiza
Produce
Colaboran