Entrevista > IGNACIO COLÓ, ganador del I Star Award

El proyecto de fotolibro “Eduardo & Miguel”, del argentino Ignacio Coló, es el ganador de la primera edición del Star Photobook Dummy Award, una iniciativa de la fundación Photographic Social Vision, en colaboración con las editoriales Phree, Ediciones Posibles y RM, que le asesoran en la fase final del proceso, encargándose de producir e imprimir el libro, y que también lo distribuirán internacionalmente a partir del mes de abril de 2022.

Hablamos con el autor sobre esta experiencia, acerca del proceso de confección del fotolibro y de los orígenes de este proyecto, donde relata el día a día de dos hermanos gemelos en la cincuentena, que viven juntos desde su nacimiento, apenas en compañía el uno del otro, en la ciudad de Buenos Aires, donde también nació y reside el propio fotógrafo. 

Por Carlos G. Vela

El fotógrafo y editor gráfico Ignacio Coló.

Ante todo, ¡muchas felicidades por ser el primer ganador del Star Award! El jurado escogió tu trabajo entre 150 proyectos de 34 países distintos, preseleccionados por un equipo experto de nominadores internacionales, siendo el tuyo propuesto por el también argentino Nicolás Janowsky. ¿Cómo recibiste la noticia y cuáles eran tus expectativas respecto a este nuevo premio? 

¡Fue muy lindo cuando recibí la noticia de que había ganado! Estaba de vacaciones con mi familia en el norte de Argentina, en la provincia de Misiones. Sabía que estaba entre los finalistas y que ese día iban a anunciar los resultados. Estábamos desayunando y creo que fue a través de Instagram que vi que mi proyecto se había premiado. Nos abrazamos con María, mi pareja; en un momento muy emocionante, un motivo más de felicidad en ese contexto vacacional. Las expectativas eran enormes, al ser un premio que desembocaba en un libro, ¡real! Con tres editoriales importantes detrás, con la Fundación y ese jurado… Y al mismo tiempo, la conciencia de la dificultad de ganarlo, porque conocía muchos de los otros finalistas y son buenísimos trabajos. Pero había ilusión, que luego fue proporcional a la alegría que sentí una vez que el proyecto “Eduardo & Miguel” fue reconocido como ganador y supe que se materializaría en un libro.  

Al escoger tu maqueta de fotolibro, el jurado tuvo en cuenta su concepto y diseño, pero también los valores humanos de lo narrado, porque el premio homenajea y se inspira en los propios de la diseñadora Inés Casals, y el ganador debía destacar por conceptos como “amistad, empatía, intimidad, calidez, amor, belleza, poesía, incertidumbre, desafío, tenacidad, empoderamiento, autodeterminación, resiliencia, aceptación, autocuidado y compasión, sin olvidar la ironía y la voluntad de evitar todo cliché”. ¿Te identificas con ellos? ¿Cuáles motivan tu proyecto?

Empecé este proyecto hace ya más de seis años y no deja de sorprenderme que muchos de los valores que mencionas coinciden con los que fui teniendo en cuenta a medida que encaré la historia de Eduardo y Miguel y el modo en que me vinculé con ellos. Creo que el proyecto reivindica muchos de esos valores, que engloban un cierto humanismo a la hora de contar la historia de estos dos hermanos gemelos, que nunca estuvieron separados, que se construyen y se cuidan el uno al otro, … Desde que empecé a fotografiarlos, me despertaron mucha ternura, que dio pie a algo más amplio, ese humanismo que es un forma de empatía, de vincularme con ellos y su historia de forma honesta. Y se fueron acoplando después ciertas características de cómo contarlo, con cierta poesía, con calidez, respetando ese vínculo, y acercándome de forma muy sincera también.

Muestra de la maqueta “Eduardo & Miguel”.

Es evidente que lograste una intimidad total con los protagonistas. ¿Cómo lograste ese acceso a sus vidas? 

Sin duda entre los tres logramos mucha cercanía, mucha sinceridad, que se mantiene a día de hoy. Los veo regularmente, viven cerca de mi casa y nos vemos seguido. Están muy pendientes e ilusionados con el libro y están siguiendo todo el proceso muy de cerca. El primer contacto se dio de manera natural y espontánea. Yo los vi por la calle y me acerqué para hacerles una primera foto, que entonces (pensaba que) iba a ser la única. Quedamos para tomar un café y ya cuando nos juntamos, me di cuenta de que había mucho más para contar. Y al mismo tiempo, yo no tenía ninguna urgencia, no era ningún encargo, fue algo que me fue naciendo. Fui descubriendo su mundo de forma muy progresiva y me fui acercando cada vez más. Iba por la mañana, porque ellos empiezan muy temprano el día, y les acompañaba mientras desayunaban. También cuando caminaban por la ciudad de Buenos Aires y así se fue dando una relación cotidiana, yo siempre con mi cámara encima y aprovechando cada oportunidad para hacer fotos y para conocerlos. Todo fue material que fue sumando a la historia. 

¿Hasta qué punto les captabas de forma natural y en qué medida posaban?

Yo les acompañaba en sus rutinas, reflejando lo que hacían, tratando de pasar días enteros con ellos. Pero mi trabajo como retratista y mi visión fotográfica incluye involucrarme directamente cuando veo una situación que me interesa. Por ejemplo, llegaba y era el primer día que tenían un celular y estuvieron todo el día con él. Yo les acompañaba haciendo fotos, pero si en algún momento veía un espacio del departamento que me parecía más fotogénico, quizá este sillón, les pedía moverse ahí, pero siguiendo con lo que hacían. Y se armaba como  un juego de ida y vuelta, algo muy lúdico en lo que ellos también participaban de forma activa. Llevaban adelante sus propios ritos y sus tareas cotidianas, conmigo a su alrededor haciendo fotos. Y, de repente, quizá sí acomodaba un flash y les pedía que posaran para un retrato. O salíamos a caminar y ellos se quedaban en una esquina, yo empezaba a hacer fotos y ellos lo veían y no se movían. Entre todos se armó ese juego que fue recorriendo todo el proceso fotográfico y que duró seis años. Y a día de hoy, cuando los veo, les hago una foto. El proceso del libro ya está cerrado, pero de algún modo ese vínculo fotográfico permanece y sigue creciendo.   

Muestra de la maqueta “Eduardo & Miguel”.

Se intuye que es un proyecto muy querido por ti, con el que además ganaste un POY Latam en 2019. ¿Son esas las razones para convertirlo en tu primer fotolibro? 

Escojo este proyecto por diferentes motivos. Sin duda es un trabajo en el que hay un compromiso emocional muy grande, por mi inevitable involucramiento en la vida de Eduardo y Miguel y el vínculo que fui armando con ellos. Una rutina que fue creciendo a lo largo de los años, que le dio mucho sentido a mi vida. Cada vez que yo hacía fotos, generaba sentidos nuevos en mí mismo, no sólo en la historia. Y también no tengo dudas que esos encuentros generaron sentido en ellos; compartir esa cotidianeidad, donde lo fotográfico siempre fue central. 

También es un compromiso fotográfico fuerte, porque además este proyecto fue una apuesta estética, una apuesta narrativa, una forma de contar una historia con imágenes con un lenguaje propio, muy mío, que de alguna forma reflejaba también lo que son ellos. 

Y finalmente, en este trabajo, sentí desde el comienzo, de forma muy clara, que se iba a materializar como libro. Hay  historias que se pueden reflejar a través de un video, de una web transmedial, en una exposición, en una instalación, ¡hay muchas formas de darle soporte a una historia en la actualidad! En este caso, tuve siempre la intuición que la forma en que iba a terminar de contar esta narración era el fotolibro.    

Precisamente, el jurado del Star Photobook Dummy Award declaró “esencial que el fotolibro fuese el soporte óptimo para el proyecto” y valoraron que tu maqueta presentaba “un diseño impecable y bien resuelto, que enriquece la historia y el concepto de forma equilibrada” 

Son todo piezas fundamentales para que la idea se redondee. El  concepto original parte de mi búsqueda, de cómo quería contar esa historia. Luego hubo un proceso de conceptualización editorial, que nació en un taller de fotolibro con Yumi Goto (comisaria y editora japonesa), muy interesante para que el libro sumara una capa más en el relato que estaba contando a través de las fotos. Y, en términos de diseño, había un desafío; que este dispositivo que fuimos haciendo con Yumi tuviera un buen funcionamiento. Y ahí el aporte de Ricardo Báez fue decisivo también. Es un diseñador que yo aprecio muchísimo su trabajo y, sin duda, fue la persona indicada no sólo para que el libro se viera bien, sino para enriquecer los conceptos trabajados, que lo fotográfico y lo editorial tomaran más fuerza en términos de diseño. Y ahí creo que se da un poco la confluencia que sostiene este libro: lo fotográfico, lo editorial y el diseño suman para redondear todo el proceso.  

Los gemelos protagonistas del proyecto, a doble página en la maqueta.

El Star Photobook Dummy Award apoya la fase final de diseño, ideación y distribución del fotolibro ganador. ¿Cuán avanzada estaba tu maqueta antes del premio y cómo ha evolucionado al obtenerlo?  

Por mi cuenta había hecho como cinco o seis maquetas hasta alcanzar la última versión, que es la que hicimos con Ricardo (Báez) y la que presenté al concurso. En ese sentido, estaba ya bastante avanzada tanto en términos conceptuales como de diseño. Sí que, a partir de ganar el Star Award, fue muy interesante el intercambio y el trabajo con las tres editoriales que lo publicarán y con Arianna (Rinaldo, coordinadora del premio y miembro del jurado en esta primera edición). Por un lado, lo que estamos haciendo con los textos que van a incorporarse al libro es un trabajo muy meticuloso para que sean complementarios de las fotos en su justa medida. Y también es muy beneficioso todo el intercambio en la fase de producción. Sin ser un libro complejo, que no era la intención, sí que tiene sus dificultades en términos de producción, que lo encarecen. Y, por tanto, hay que buscar la forma de alcanzar los números convenientes, sin que el libro pierda calidad. Y eso, aunque pueda parecer frío, también tiene importancia en términos y repercusiones conceptuales. Es muy interesante todo este proceso de intercambio que, sin ninguna duda, va a llevar el libro a buen puerto. 

¿Cuál ha sido el reto principal al plasmar tu obra en formato fotolibro?

El mayor desafío fue que el dispositivo potenciara la historia y no le jugara en contra. Que el recorrido que propone no fuera demasiado tradicional, que también era una posibilidad, aunque tenía la sensación de que desaprovechaba una potencialidad que tenía la historia. Y, por otro lado, tampoco quería hacer algo demasiado complejo, que dificultara el recorrido al lector. Más allá del rompecabezas inicial, ha sido muy lindo afrontar los desafios de convertir esta historia en fotolibro,  porque, en cierta forma, superarlos acaba enriqueciéndola. Cuando ves las fotos, la historia se cuenta de una manera. Pero se enriquece notablemente, creo yo, cuando se ve plasmada en el libro, potenciando sus conceptos principales, desde la fraternidad y la simbiosis de Eduardo y Miguel, hasta todo el juego sobre el doble, la gemelaridad y los conceptos que ya están en la historia fotográfica, pero que se replican y se potencian en el formato del fotolibro. 

Ignacio Coló nació en 1980 en Buenos Aires, Argentina. Vivió en París, donde se especializó en historia de la fotografía en la universidad de la Sorbonne, y a su regreso a Buenos Aires, terminó sus estudios en la Escuela Argentina de Fotografía (EAF) y estudió cine en la unión de cineastas profesionales SICA. Actualmente, trabaja como fotógrafo y editor en el suplemento dominical de La Nación, uno de los principale diarios argentinos. También ha publicado con asiduidad en medios internacionales como el Financial Times, Le Monde, L’Equipe Magazine, El Mundo, France Football, o The Arts Society Magazine. Ha expuesto su obra en muestras colectivas e individuales. “Eduardo & Miguel” es su primer fotolibro.

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