Menonos, por Jordi Ruiz Cirera

 

Hoy en Bolivia, hay más de cincuenta mil menonitas, o menonos, como se los llama en el país andino, aunque el número exacto es difícil de conocer ya que muchos de ellos no están registrados o poseen pasaporte extranjero. Se trata de la rama pacifista y trinitaria del movimiento cristiano anabaptista, originado en Alemania siglo XVI y así viven como sus ancestros, sin coches, ni electricidad, ni teléfono y casi completamente aislados de las comunidades locales. Los menonitas llegaron a Bolivia en los años 50, procedentes de Canadá, México o Belice, donde su estilo de vida se veía amenazado. En Canadá, los jóvenes se desviaban del “camino correcto” y el gobierno prohibió su sistema educativo. Fue razón suficiente para dejar el país y desembarcar en Bolivia, invitados por el gobierno bajo la promesa de tierras y libertad de práctica religiosa.

El trabajo Menonos y algunos de sus retratos, del fotógrafo y socio de la Fundación, Jordi Ruiz Cirera, se exponen hasta el próximo 9 de octubre en la Biennal de Fotografia Xavier Miserachs. Trabajando en Argentina en 2011, Jordi oyó hablar de estas colonias y realizó un primer viaje a Bolivia para encontrarse con la autoridad religiosa de la comunidad. Al encontrarle ausente, fue acogido por una familia, cuya confianza fue ganándose muy poco a poco. “Para mí fue difícil porque son muy cerrados. Los hombres van a trabajar, mientras las mujeres se quedan en casa. Yo me quedaba con ellas y mi presencia les era incómoda. Sólo hablaban alemán y les resultaba extraño compartir espacio en su propia casa con un hombre que las observaba.” La familia de acogida se interesaba y hacía muchas preguntas sobre cómo vivían los jóvenes fuera de sus comunidades en relación al alcohol y las drogas, o su educación. “Durante el primer viaje, casi no pude hacer fotos, utilicé ese periodo para establecer vínculos y en mi segunda estancia sí tuve oportunidad de retratarlos, de captar escenas de su vida cotidiana. En esta ocasión pude compartir tiempo con los hombres y acompañarles a trabajar.”

“A Evo no le gustamos” explican refiriéndose al presidente Morales. Por desgracia para ellos, el gobierno está aumentando el control medioambiental que previene la tala de bosques y además no saben cómo gestionar la creciente influencia de los locales: el acceso al alcohol, la música o los coches. Algunos deciden dejar las colonias por otras más aisladas, donde aún hay bosque que cortar y las ciudades bolivianas están todavía más lejos. Pero aún así, los menonitas serán siempre considerados fuente de ingresos para los locales y son conocidos por ello. Algunas veces se ven obligados a ir a la ciudad, aunque no conducen, y tienen ganado pero no encuentran formas para venderlo. Por eso, da igual que busquen lugares más alejados, pronto llegarán los taxistas a merodear, los compradores de ganado se acercarán hasta ellos con sus camiones, y poco después abrirá una tienda justo en la entrada de la colonia. Para ellos es difícil encontrar nuevos países donde establecerse, y también encontrar nuevas tierras en la misma Bolivia, por lo que la sensación de estar llegando al final de una era impregna toda la comunidad.

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